La siguiente reseña, del libro Jesús Franco de Carlos Aguilar (Cátedra, colección Signo e Imagen/Cineastas, 2011), fue publicada originalmente el 29 de mayo de 2011 en el blog Cinemistas.
Creo que no soy infiel al espíritu del libro de Aguilar si parafraseo su tesis con mis palabras: lo que viene a decir el libro es que en Franco se unen cine y vida, puesto que el director madrileño afincado en Málaga filma constantemente todo lo que le rodea y sólo después se sienta a montar, a tratar de darle sentido a unas imágenes… pero sin esforzarse mucho, dejando que el resultado final siga siendo un caos… Esto se aplica en especial a la última etapa de su cine. Por mi parte, estoy totalmente de acuerdo con este modo de ver… O sea que sigo hipnotizado.
En resumen, la obra de Aguilar, además de destacar por su siempre fluida prosa, es hercúlea ya sólo por su tarea de poner orden en una filmografía tan abultada como la de Franco, aparte de por hacer un esfuerzo crítico en el análisis de las casi doscientas obras tratadas, estudiadas prácticamente una por una, sin dejarse llevar por el fanatismo, con críticas muy aquilatadas, que destacan tanto los aspectos malos como los buenos de todas las obras del artista, aunque, como he señaalado antes, cada vez es más difícil encontrar aspectos buenos en las obras del otrora enfant terrible del cine español.
El poder de la hipnosis
Recientemente
ha salido al mercado el séptimo estudio monográfico (y primero en español)
sobre la biografía y filmografía de Jesús Franco, una de mis debilidades como
cinéfago y un director único, no ya en la cinematografía española, sino en la
mundial, y por varios motivos. Digo que es un director único, en primer lugar, porque
se trata, posiblemente, del director más prolífico de todos los tiempos, con
cerca de 200 títulos en su haber como realizador (además de varios otros en los
que realizó funciones distintas a la de director y multitud de proyectos
inacabados). También, por la cantidad de productoras y nacionalidades
implicadas en sus obras y por la cantidad de seguidores con que cuenta en el
extranjero, además de por (y éste es quizá el motivo más destacado) la gran
irregularidad de sus películas, que van de grandes hallazgos a basura de ínfima
ralea…
El
autor del libro es Carlos Aguilar, crítico especializado en el cine de Franco y
artífice también de mi libro de cabecera absoluto: una monumental a la par que
razonada obra de referencia: la Guía del
Vídeo-Cine, que incluye reseñas de infinidad de películas, entre ellas prácticamente
todas las estrenadas comercialmente en España. Aguilar ya había publicado
anteriormente una monografía sobre el cine del director recientemente
goyificado, que se editó en italiano e inglés.
Personalmente,
me encanta comprobar que la actitud de Aguilar con respecto al cine de Franco
es muy similar a la mía; da la sensación de que a él también le da rabia la
cantidad de talento desperdiciado por este director, pero a la vez, como me
pasa a mí, permanece hipnotizado ante la bazofia que con corta periodicidad nos
obsequia el “tío Jess”. Así, explica cómo las películas de este realizador han
pasado de ser las obras de una calidad destacable realizadas por una joven
promesa del cine español a absolutos bodrios sin pies ni cabeza. En su edad
madura, Franco ha pasado, en una extraña y paradójica maniobra, de ser nuestro
Orson Welles patrio a nuestro Ed Wood nacional. Aquí es donde uno se pregunta:
¿qué es lo que le gusta a uno, entonces, de su cine? ¿Qué es lo que nos lleva a
seguir viendo, uno tras otro, sus engendros? Y es difícil de contestar. En mi
caso, creo que lo que busco en su cine es ese momento brillante (que los hay… y
muchos), ese plano, esa secuencia magistralmente filmada, ese actor o actriz
captados en su momento de gloria… cosas todas ellas que, según nos acercamos a
la actualidad, cada vez son más difíciles de encontrar en la filmografía de
Franco. Mi obsesión con el cine de Franco es similar al que me lleva a seguir
otras muchas producciones de la mal llamada “serie B”: encontrar entre
toneladas de basura, esa obra tocada por el genio y, encima, hecha con cuatro
duros, lo que es un plus añadido. Y Franco tiene varias de esas, empezando por
la serie del Dr. Orloff y terminando con Faceless (1987), su auto-remake de
Gritos en la noche (1962), a su vez versión de Les yeux sans visage (Ojos sin rostro, G. Franju, 1960).
Franco con su Goyita |
Creo que no soy infiel al espíritu del libro de Aguilar si parafraseo su tesis con mis palabras: lo que viene a decir el libro es que en Franco se unen cine y vida, puesto que el director madrileño afincado en Málaga filma constantemente todo lo que le rodea y sólo después se sienta a montar, a tratar de darle sentido a unas imágenes… pero sin esforzarse mucho, dejando que el resultado final siga siendo un caos… Esto se aplica en especial a la última etapa de su cine. Por mi parte, estoy totalmente de acuerdo con este modo de ver… O sea que sigo hipnotizado.
En resumen, la obra de Aguilar, además de destacar por su siempre fluida prosa, es hercúlea ya sólo por su tarea de poner orden en una filmografía tan abultada como la de Franco, aparte de por hacer un esfuerzo crítico en el análisis de las casi doscientas obras tratadas, estudiadas prácticamente una por una, sin dejarse llevar por el fanatismo, con críticas muy aquilatadas, que destacan tanto los aspectos malos como los buenos de todas las obras del artista, aunque, como he señaalado antes, cada vez es más difícil encontrar aspectos buenos en las obras del otrora enfant terrible del cine español.
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