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jueves, 5 de abril de 2018

Arqueología musical III: "Es de internet"

Los que hemos crecido antes de la revolución de las comunicaciones que caracteriza este inicio del siglo XXI sabemos lo difícil que era conseguir la música que a uno le gustaba en los viejos tiempos. Teníamos que andar con cintas, muchas veces grabadas de la radio, con la estúpida voz del locutor de turno jodiendo el inicio y el final de cada canción.

Para nosotros, la llegada de internet fue una bendición, pero a veces chocamos con la manera de entender la música de los más jóvenes, que tienen una visión completamente distinta de la nuestra. Esta anécdota que os cuento a continuación puede ilustrar este choque generacional.


Estaba en mi ciudad natal, Lugo, en una tienda que abría las 24 horas del día a la que solíamos ir, ya de madrugada, tras salir de fiesta. Pues bien, recuerdo que estaban poniendo una canción que me sonaba familiar. Era "One" de U2, solo que la voz no era la que yo conocía, del cantante Bono, sino la del cantante de R.E.M., Michael Stipe. Como resulta que esta es una canción que siempre me ha gustado, le pregunté emocionado al que estaba atendiendo:

- ¿Qué versión es esta?

A lo que me respondió.

- No sé, es que es de internet.

Vale, será sacada de internet, pero el que la puso en internet la tendría que sacar de algún lado. ¿No? Vamos, digo yo.

En fin, yo no tenía medios de descubrir de qué versión se trataba. Bueno me imagino que sí, podría ir a un ciber, pero en fin, que la cosa quedó ahí. Hoy, muchos años más tarde, he buscado la canción y resulta que estaba en youtube. Ya es un avance. Parece por el video que se trata de R.E.M. con el bajista y el percusionista de U2, formando un supergrupo nada desdeñable. Lo malo es que en la descripción no queda muy claro donde tuvo lugar tan única reunión. En otro video de youtube con menos calidad pone que fue en 1993 y no quiero empezar a leer los comentarios porque entonces sí que ya me dan las uvas.

sábado, 10 de junio de 2017

Recuerdo: El conejo de Orihuela

No sé si sabéis que en Lugo, mi tierra natal, hay muchos nabos, cuya brote, el grelo, es la base de la cocina gallega. Por eso decimos que Lugo que es una auténtica potencia nabal, con "b". La cuestión es que mi ex novia, R., era de Orihuela (Alicante). Ahí su familia no paraba de preguntarme cómo era Lugo. Que si en Lugo había higueras, que si en Lugo había gatos... ¡Ni que fuera Siberia! En una de mis primeras comidas familiares, me preguntaron que qué se cosechaba en mi tierra y, claro, le dije que era llamada "la tierra del nabo". Los tipos se pensaron que era una broma. ¿Así que la tierra del nabo, no? (léase con retintín).

Pero no queda la cosa ahí. Ese día comimos conejo y los tíos de mi novia no paraban de preguntarme: "¿Te gusta el conejo de Orihuela, te gusta el conejo de Orihuela?".

lunes, 15 de mayo de 2017

Recuerdo: Esto es un homenaje bidireccional a Os da Ría

Cuando trabajaba en la sección de Local del diario El Progreso de Lugo, uno de nuestros cometidos era encontrar un reportaje con gancho para la última pagina del periódico. Una amiga, Maria Yáñez, me dijo que unos amigos suyos de la facultad de Santiago habían hecho un cortometraje en plan de coña y lo habían presentado a uno de los festivales de cine experimental más importantes de Nueva York y ¡¡¡los habían admitido!!! Se trataba de los posteriormente famosetes (en el ambito gallego) humoristas Tomás Lijó y Carlos Meixide, Os da Ría.

Por fortuna, iban a estar en un par de días en Lugo para presentar el corto en un festival universitario y en el diario no dudamos un segundo en hacerles una entrevista para la última. Yo fui el encargado, y decidí mantener el tono del corto, es decir, hacerla en plan de coña marinera.

El corto, grabado en su integridad en la Costa de la Muerte gallega y en el que la madre de Meixide se había ocupado del catering de todo el equipo, era un despropósito. En la entrevista me dijeron que probablemente les eligieron solamente por un plano en el que salía la típica paisaniña gallega con pañuelo negro recorriendo una calle, primero marcha adelante y luego marcha atrás, con un subtítulo que ponía "Esto es un homenaje bidireccional a Andy Warhol". La foto para la última se les tomó delante de la máquina tragaperras del bar en el que tuvo lugar el estreno lucense de la magna obra. Siguiendo la línea de cachondeo que imperó en el encuentro, se me ocurró titular el reportaje: "Y sonó la flauta...", utilizando la moraleja de la fábula de Iriarte para indicar que habían sido seleccionados para el prestigioso certamen fílmico de pura chiripa.

Hasta ahí la historia del momento. Pero eso no fue todo, porque semanas más tarde, María me contó que Os da Ría, supuestamente tan humorosos ellos, no habían quedado en absoluto satisfechos con su entrevista ni con la publicidad que eso les había reportado. Supongo que, en el fondo, tenían su ego de artistillas, esperaban un reportaje elogioso, rendido a sus pies y encontrarse con la horma de sus zapatos no les hizo ninguna gracia.

miércoles, 5 de abril de 2017

Recuerdo: La típica españolada

La gente del mundillo del teatro y el cine siempre dicen que es más fácil hacer reír que hacer llorar y que los premios siempre se dan por papeles dramáticos, menospreciando lo cómico y lo humorístico. No sé si es esto verdad, pero de lo que sí doy fe es de que a menudo el público menosprecia lo cómico.

Recuerdo que hace mucho tiempo fui con una amiga a ver una comedia española y ella se pasó toda la película riéndose. Al salir, le pregunté si le había gustado y dijo:

- ¡Bah! ¡La típica españolada!

sábado, 18 de febrero de 2017

Recuerdo: Chicho nochequé choricho nochecuanto

De pequeño me encantaba el programa de televisión Un, dos, tres... responda otra vez. Un día lo vi en casa y descubrí el personaje de Charito Muchamarcha (investigando ahora descubro que lo encarnaba la humorista uruguaya Gabriela Acher), que me dejó una grata impresión con sus speeches en los que siempre utilizaba el sonido "ch". En aquel programa los humoristas siempre tenían una frase con la que acababan su actuación. Mariano Ozores tenía la famosa "No, hija, no"; el Dúo Sacapuntas su "Veintidós, veintidós, veintidós, veintidós, veintidós"; Bigote Arrocet, "Mairucha-cha-cha" y así un largo etcétera. La punchline de Acher era "Chicho, machista, chorizo, chauvinista", pero claro, yo era pequeño y no sabía qué significaba "machista" ni mucho menos "chauvinista", palabras que para mi todavía incipiente vocabulario eran demasiado complicadas como para aprendérmelas en una primera audición. En fin, que llegaron mis hermanos y les dije con entusiasmo:

- Acaba de salir en el Un, dos, tres una humorista muy graciosa que decía: "Chicho, no sé qué, chorizo, no sé cuánto".


Podéis imaginar el descojono de mis hermanos y lo que a mí me jodió que se rieran de mi ignorancia. Así que a partir de ese momento, cuando mis hermanos querían hacerme rabiar no tenían más que decir:

- Chicho nochequé choricho nochecuanto.

viernes, 17 de febrero de 2017

Recuerdo: Juan y las pajas

Como creo que he contado aquí en alguna ocasión, de pequeño mis padres me mandaron a un colegio de curas. Y como también he escrito en este blog, ellos inocularon en mí (y tal vez en muchos otros) el virus de la culpa. Por otro lado, y como no podía ser deotro modo, cuando teníamos 12 o 13 años la pubertad nos empezó a pasar factura y empezábamos a tener unas sensaciones nuevas para nosotros, las derivadas de la sexualidad.

Como no me gustaba el fútbol, nos juntábamos los tres raritos de la clase y nos pasábamos los recreos charlando. Me acuerdo de que un repetidor, que se llamaba Juan, nos contaba con pelos y señales las técnicas que usaba para lo que él llamaba "hacerse pajas" y lo que sentía cuando lo hacía. Recuerdo que yo solo escuchaba, no decía nada de ese tema, no sé si porque todavía no sentía "la llamada" o por simple vergüenza (siempre he sido muy tímido). Juan nos comentaba que para "hacerse pajas" pensaba en todas las niñas con las que jugaba en su barrio, que le parecían todas buenorras. Todas salvo una, que era rubia y angelical. Esa la quería para casarse con ella. Con esa no podía imaginarse nada sucio.

Un día en el cura que nos daba Religión, al que llamábamos El Honorato, nos dijo que la masturbación era pecado. Ese mismo día en el recreo Juan dijo: "Yo no sé qué es la masturbación, pero no creo que sean las pajas. ¡Eso no puede ser pecado!".

lunes, 12 de septiembre de 2016

Recuerdo: ¿Qué? ¿Nos hacemos unas pajillas?

Para contar esta historia tengo que empezar por explicar quién era un compañero de clase de la universidad: el Travol. Lo de Travol era por John Travolta y se lo puso David porque decía que iba de chulito. A mí, más que chulito, me parecía un poco corto, aparte de ser muy pero muy de pueblo. Sus comentarios en clase, tanto en alto como en petit comité, dejaban claro que al chico le faltaba un hervor. La cosa es que él se sentaba en la misma parte de la clase que nosotros y salía con nosotros, pero todo el mundo pensaba que era amigo del otro y nadie se atrevía a criticarlo porque pensaban que era amigo de algún otro del grupo. La liebre saltó cuando uno se atrevió a decir:

- Oye, no te ofendas, pero tu amigo es un poco raro.
- Si no es mi amigo, yo pensaba que era amigo de Dani.
- Pues yo pensaba que era amigo de Pablo - dice Dani.

...y así sucesivamente.

Total, que en realidad no era amigo de nadie, así que (las cosas como son, he de decir la verdad) lo fuimos dejando un poco de lado, para su esperado cabreo.

La cuestión es que el último día de clase de primero de carrera decidimos irnos de cañas a la salida del último examen y pensamos que, por los viejos tiempos, debíamos invitarlo. Así se hizo. Fuimos a la zona de Van Dyck, una zona de tapas y cañas muy chula de Salamanca.

Miguel, de Valladolid, se empeñó en que teníamos que beber la cerveza y comer la tapa muy rápido. No sé si será una costumbre castellana. Lo cierto es que al cabo de un rato teníamos todos una mierda que no veíamos, así que decidimos relajarnos un poco tomando un café en una cafetería. Al cabo de un rato surgió la conversación que era de esperar. Estábamos un grupo de unos ocho o diez chicos y chicas y empezamos a hablar de nuestras primeras experiencias sexuales, de cómo descubrimos la masturbación, etcétera, etcétera. El caso es que el Travol nos suelta:

- Sí, como cuando teníamos unos catorce o quince años y nos poníamos todos en corro y cada uno se la cascaba al de al lado.

Y nos quedamos todos callados. Al cabo de un rato responde uno todo cortado en plan:

- Ejem, yo y mis amigos no hacíamos eso.
- Nosotros tampoco...
- Nosotros tampoco...

Y Travol se encogió de hombros y le entró una risilla floja.

jueves, 30 de junio de 2016

El día en que casi conocí a Alex Chilton

Los que me conocéis sabéis de mi fijación con todo lo que tenga que ver con la vida y obra del músico estadounidense Alex Chilton. Cuando vivía en Dallas (Estados Unidos) me enteré de que iba a tocar en su ciudad natal, Memphis, con su primera banda, los Box Tops. Entonces no estaban tan extendidas las redes sociales ni los móviles con chat. Las maneras que teníamos los fans para compartir información era en fórums y grupos de Yahoo (por cierto, ¿siguen existiendo?). Pues bien, antes de partir hacia Memphis en coche, un viaje que me iba a llevar un largo tiempo, puse en el grupo que iba a ir.

Cuando, al día siguiente, llego al concierto, veo que durante la prueba de sonido, el bajista del grupo, Bill Cunningham, me mira directamente y hace gestos en mi dirección. Yo, como es lógico, me pongo a mirar para los lados, a ver a quién se dirige, y la cosa queda ahí.

En el concierto; al fondo, Alex Chilton y Bill Cunningham

Cuando llegué a casa (repito, esto era antes de los smartphones) descubrí con sorpresa que me había escrito L.M., que aparte de haber sido novia y colaboradora de Chilton es una compositora y artista con nombre propio y estaba en contacto con Cunnigham, le había escrito para decirle que habría un chico en las primeras filas que quería conocer a los miembros del grupo. Por desgracia, yo no sabía de su comunicación y por un detalle de nada no llegué a conocer en persona a uno de mis ídolos. Ese fue su último concierto con los Box Tops. En menos de un año, falleció.

R.I.P. Alex Chilton

viernes, 3 de junio de 2016

Recuerdo: Historia de una bombilla

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que un suceso pueda adquirir la etiqueta de "recuerdo"? Lo digo porque lo que hoy voy a poner en esta sección acaeció hace tan solo un par de días.

El sábado fue la apertura del cine fórum que organizo en La Tabacalera, en la glorieta de Embajadores, y utilizamos unas lámparas. El domingo decidí traer una a la casa donde me estoy quedando, en Sol. No sé si conocéis Madrid, pero para ir desde Embajadores hasta Sol hay que pasar por la plaza de Jacinto Benavente, donde hay un comedor social y suele merodear toda suerte de individuos de baja estofa. En fin, que estoy yo esperando en el semáforo con la lámpara al hombro, cuando noto un poco de presión en la lámpara. Miro para atrás y había un individuo tocando la lámpara. Al mirar yo, va y me dice:

- Es que tienes esto roto.

Justo en ese momento se puso el semáforo en verde, así que decidí comprobar el estado de la lámpara del otro lado, cuando otros transeúntes me informan:

- Te ha robado una bombilla.

- Te ha robado una bombilla.

¡También qué cabrones! En vez de decirle que no lo haga, le dejan y luego me lo cuentan a mí.

Total, que miro para atrás y el individuo en cuestión había desaparecido. Me quedé con un palmo de narices.

Pero la historia no acaba aquí. Resulta que en casa dormí una pequeña siesta y luego había quedado con un amigo en Lavapiés. Para ir hasta ahí tenía que pasar de nuevo por Jacinto Benavente y se me ocurrió mirar enfrente del comedor social y ahí estaba la bombilla. El tipo (no recordaba su cara, pero tenía que ser el mismo) estaba sentado en la barandilla del garaje subterráneo, hablando con otra persona, y la bombilla estaba entre los dos. ¡Mi bombilla! Ni corto ni perezoso, alargué la mano, la cogí y me largué, ante la cara de estupefacción de las dos personas, no sin antes decirle al que creo que me la había robado:

- ¡Vete a tomar por el culo!

sábado, 28 de mayo de 2016

Recuerdo: "Vamos a contar mentiras"

Todo aquel que me conoce sabe que soy una persona muy musical y cantarina. Digamos que soy más musical que literario, aunque siempre me han gustado las letras.

Tras esta introducción, entro en materia: el recuerdo de hoy es de ni más ni menos que de primero de Primaria, pero me acuerdo como si fuera ayer, para que luego digan.

La profesora (la "señu", como decíamos nosotros) nos torturaba con ese castigo que tanto les encanta a los maestros: hacernos leer por turnos. Y lo que venía en el libro de texto era la letra de la famosa canción infantil "Vamos a contar mentiras". Me manda leer a mí y empiezo a hacerlo, pero al cabo de un par de palabras me sale la melodía y en vez de leer, me pongo a cantar.

- ¡Lee, no cantes! - me grita la bruja de la profe.

Lo vuelvo a intentar, pero es que es superior a mis fuerzas, la melodía se apodera de mí y me vuelve a salir el soniquete de la canción infantil.

- ¡Que leas, no cantes!

Total, que tras varias veces gritándome así, me hizo llorar. No sé qué grandísimo delito debe ser cantar en vez de leer, sobre todo cuando estaba diciendo las palabras correctas. No recuerdo el nombre de la profe ni sé si esta viva todavía. Solo espero que si está muerta arda en el infierno por los siglos de los siglos amén y, sino, que no tarde en hacerlo.

lunes, 16 de mayo de 2016

Recuerdo: "¡A Miguel no le gustan las chicas!"

La anécdota que voy a contar a continuación debió de ocurrir cuando tenía unos seis años pero la recuerdo como si fuera ayer mismo. Mi hermano Miguel (que entonces debía tener unos cuatro) y yo nos divertíamos recortando y coleccionando chicas ligeritas de ropa que salían en la contraportada del diario As y en la portada de la Hoja del Lunes de Lugo, periódicos que previamente le sustraíamos a nuestro padre. En una de estas, le digo a mi hermano:

- Esta es guapa.

Y me responde:

- Ah, no sé, yo solo me fijo en que lleven los labios pintados.

- ¿Quieres decir que no te gustan las chicas?

Total, que ya era la hora de cenar (lo recuerdo perfectamente) y dije en la mesa:

- Papá, mamá, tengo una noticia que daros, a Miguel no le gustan las chicas.

- Pues ya somos dos - dijo mi madre.

- ¿Pero os parece normal? ¿A ti, papá, no te gustan las chicas?

- Sí, pero a su edad no me fijaba en esas cosas.

En fin, que no me quedó muy clara la cosa, porque, digamos que yo ya sentía algo ahí abajo. ¿Mi hermano no? A propósito, hay que decir que, con el paso del tiempo, mi hermanito resultó ser heterosexual.

jueves, 5 de mayo de 2016

Recuerdo: El único angelito de la familia

Mi padre es leo. Con eso no tengo ni que decir que es egocéntrico a más no poder. Para probarlo basta decir que a todos los hijos les puso su nombre, Ángel. Mis hermanos se llaman Ángel María, María Ángel, José Ángel y Miguel Ángel. No es coña. Y sí, lo habéis adivinado, a mí me iban a poner Jesús Ángel. Al parecer, mi padre se olvidó del "Ángel" cuando me iba a registrar en el registro civil y por eso soy Jesús a secas.

Pero esto no es de lo que iba a hablar hoy. Es tan solo una introducción al recuerdo que nos ocupa. Para entrar en materia de este recuerdo tendría que presentaros a uno de mis profes de Primaria, fray V., pero en realidad no tengo que hacerlo, ya que para conocerlo tan solo tenéis que leer este post.

Pues bien, recuerdo que fray V. una vez me dijo:

"Todos tus hermanos se llaman Ángel pero tú eres el único angelito de la familia".

¿Ángel o demonio?

miércoles, 4 de mayo de 2016

Recuerdo: Sima(n)go

Me cuesta escribir este recuerdo. Y es que está mucho más reciente en el tiempo que los demás que he escrito, que todos estaban situados en mi más tierna infancia, aparte de que probablemente tenga más implicaciones morales. Me da vergüenza lo que voy a contar a continuación, porque soy consciente de que obré mal,  pero debo ser sincero. Este es de mi primer año en la universidad, debía tener 18 años recién cumplidos. Yo estaba en una residencia de estudiantes y uno de mis compañeros empezó a traer un montón de discos de vinilo y otros objetos, que luego revendía. ¿A qué se debía este repentino desembarco? Nos confesó que todo lo robaba en Simago (cadena de supermercados que luego se llamó Champion y más tarde fue absorbida por Carrefour). Decía que era facilísimo, así que a los demás compañeros les entró la fiebre del mangoteo y cada día llegaban con una cantidad ingente de objetos enajenados.

Esta aparente facilidad me motivó a mí a hacer lo propio. Ni corto ni perezoso, me acerqué al mencioonado supermercado y cogí un paquete de cintas vírgenes, que había decidido meterme dentro de la ropa, pero no había pensado dónde lo iba a hacer. Total, que llego ahí y en el momento clave me dio reparo, así que me aparté un poco para metérmelo dentro de la ropa, pero en ese momento de duda, de moverme para aquí y para allá, estoy convencido que se fijó en mí un tipo con una americana a cuadros del que la verdad es que ya debería haber sospechado, puesto que no pegaba nada ahí. En cuanto me dirigí a la puerta de salida, el tipejo este rarillo me interceptó y me condujo a los almacenes de la tienda, donde descubrió el percal, con el que se quedó, aparte de con mi DNI. Me preguntó si vivía con mis padres y le dije que en una residencia. Yo estaba avergonzadísimo y sin saber qué hacer. Solté toda la verdad. Me dijeron que tenía que ir un monitor de mi residencia conmigo a pagar el material y para que me devolvieran el DNI. Yo el DNI lo necesitaba, pero tenía clarísimo que esto no se lo iba a contar ni a mis padres ni a los curas que regían la residencia. Se lo comenté a uno de mis compañeros (que tenía tan solo un par de años más que yo, pero la verdad es que, mientras que yo aparecía bastante mas joven de lo que realmente era, él parecía mucho mayor). El día acordado para acercarnos a Simago, se puso unos pantalones de pinzas, una americana, en fin, la ropa que le pudiera hacer parecer todavía mayor y, en cuanto llegamos, me dijo en tono autoritario: "Tú quédate aquí". El tipo este merecía un Oscar. Al salir me dijo "Ya hablaremos tú y yo" y me llevó, casi de las orejas. Yo estaba arrepentido pero de verdad, no tenía que fingir. Al salir me contó que los tipos picaron el anzuelo, que le dijo que me iban a castigas y que tal y que cual.

No he vuelto a robar en mi vida.

Me estoy dando cuenta de que la mayoría de las historias que cuento tienen una gran carga moral. Todas estas experiencias, al fin y al cabo, me han hecho ser como soy.

¿Qué moraleja extraéis de esta historia?

lunes, 2 de mayo de 2016

Recuerdo (ajeno): Fray V.

Como podéis ver por algunos de las últimas entradas que he publicado en el blog, no es cierto lo que a veces pensamos de que los niños se olvidan de todo. Todo lo contrario, algunas experiencias les marcan y, sobre todo, si estas tienen que ver con la justicia o, mejor dicho, la falta de justicia de algunos adultos.

Así que os voy a contar un recuerdo, pero no mío, sino de un compañero de la Primaria, O.T., que me lo transmitió. Así que es un recuerdo ajeno pero que encaja muy bien en los que he estado contando estos días.

En mi cole había un cura muy pero que muy bestia, llamado Fray V., que pegaba a los niños. Era profesor de Música, Inglés y Educación Física, pero, sobre todo, era el entrenador del equipo de vóleibol, que, para más señas, era el deporte fuerte en mi colegio. Si estabas en el equipo de balonvolea y destacabas, sacabas buena nota en Educación Física y prácticamente también en Música e Inglés, con poco que hicieras en la clase en cuestión.

Pues bien, la anécdota que voy a contar me la trasmitió un compañero del cole con el que he recuperado el contacto después de mucho tiempo. Y resulta que este chico estaba de pequeño en el equipo de volleyball y se le ocurrió darle una patada al balón y el sacerdote, en vez de decirle: "No se debe pegar patadas al balón de vóleibol porque se estropea", directamente le dio un hostiazo. Así se las gastaban en los Franciscanos. La letra con sangre entra. Y el balonvolea también.

Recuerdo (ajeno): Mata a la Reme

La Reme era una profe hijaputa que teníamos en los Franciscanos. Nos pegaba... bueno, a mí y a mi hermano no, porque mis padres fueron a protestar ante la inusitada violencia de esta vieja cabrona, a lo que ella les respondió de malos modos, calificándolos de "apóstoles de la no-violencia". Con esto introduzco a uno de los personajes de esta verídica historia.

El otro es Jesús Valiña (di algo si lees esto), un alumno muy ingenioso, que siempre se estaba inventando letras guarras para las canciones de la tele.

Una vez presentados los personajes de la historia, lo que viene a continuación es un recuerdo, ajeno, pero recuerdo. Y lo de "ajeno" lo digo porque yo, no recuerdo por qué motivo, no pude ir a la excursión en la que sucedió lo que a renglón seguido os cuento.

Los más viejos del lugar recordarán un anuncio de salchichas Snakis que ponían en la tele cuando éramos pequeños, en el que, con la melodía de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, cantaban "Cómprame Snakis, por favor mamá". Pues bien, Valiña le cambió la letra a la cancioncita por "Mata a la Reme, por favor mamá". Y, ni corto ni perezoso, se le ocurrió cantarla delante de ella en el autobús de la excursión, a lo que, como era de esperar, la zorra le contestó dándole un soplamocos de padre y muy señor mío. También es que ¿a quién se le ocurre?

Otra anécdota relacionada con esa pésima profesora sucedió muchos años más tarde, ya de mayores. La pareja de mi hermano iba a clase de pintura con ella. Mi hermano le comentó que había sido nuestra profe de pequeños y su novia siempre le decía: "Pues dile algo, que seguro que le hace ilusión". Mi hermano no estaba muy convencido de la idea, pero me imagino que pensó que después de tantos años nada malo podía pasar, pero nada más lejos de la realidad, porque la conversación fue más o menos tal que así:

- Hola, no sé si se acuerda de mí. Soy Miguel Martínez. Yo era su alumno.
- Pues debías de ser el típico del montón, porque yo solo me acuerdo de los muy buenos y de los muy malos, y de ti no me acuerdo.

¡Vaya profe!

jueves, 28 de abril de 2016

Recuerdo: Mi segunda comunión

Un libro que leí y con el que me sentí muy identificado fue Angela's Ashes, del irlandés Frank McCourt. Me sentí identificado porque al protagonista sufre una serie de ataques de culpabilidad motivados por los curas que rigen su colegio de Primaria. Algo similar probablemente nos haya pasado a muchos en este país todavía ultracatólico llamado España.

A mí me enviaron al colegio de los Padres Franciscanos, que, aparentemente y por suerte, eran los más modernillos de todas las órdenes religiosas. Quizá por eso, en mi primera infancia no tuve un especial miedo motivado por un concepto de pecado inculcado por ellos. Cuando hice la primera comunión, el sacerdote que nos formó, el padre Louro, nos inculcó, más que religión, un humanismo que probablemente todavía conserve. Recuerdo que la confesión fue el día antes de la comunión y no la hicimos en un confesionario, sino en la sala de profesores de mi colegio. Fue, más que una confesión, una charla. ¿Qué pecados podía tener un niño como yo? No obedecer a mi madre, pelearme con mi hermano pequeño...

La cuestión es que el tiempo pasó y no me había vuelto a confesar, así que decidí hacer lo propio en mi parroquia. Esa fue mi segunda y última confesión. Tras preguntarme por mis pecados y yo contestarle más o menos lo mismo que la otra vez (¿qué pecados puede tener un niño de esa edad?), me dijo algo así como:

- Sí, eso todo ya nos lo sabemos, pero ¿tú te tocas?

No recuerdo lo que le contesté (el cerebro realmente puede ser selectivo en caso de shock) pero sí que decidí nunca volver a confesarme. Y así lo he hecho hasta el día de hoy. ¿Qué necesidad tenía yo de pasar de nuevo un mal rato similar?

Estos curas tienen la mente perversa y te la pervierten a ti. Igual hasta se la estaba meneado detrás del confesionario por debajo de la sotana. ¡Degenerados!

Recuerdo: "No me pises los cordones"

De pequeño era asmático y cuando iba en primero de Primaria me dio una crisis tan bestia que el médico convenció a mi familia de que me mandaran como seis meses a Castilla, donde, al parecer, el clima más seco que el de Galicia me vendría bien.

Mi madre tenía un hermano en Benavente (Zamora) y ahí nos pasamos ella y yo todo ese tiempo, con alguna visita esporádica de mi padre y mi hermano. Recuerdo que los seis meses ¡¡¡sin ir al cole!!! se me hicieron super largos. Iba a busca a mi primo al salir de clase, pero aun así, me aburría mucho.

Y aquí precisamente viene lo que os iba contar. Y es que mis primos y yo decidimos ir a ver una película infantil de las que se estaban proyectando en estas fechas, creo recordar que era La guerra de los niños (Javier Aguirre, 1980), con los Parchís como protagonistas.


Miramos en la cartelera del periódico y ahí nos presentamos, a la hora anunciada, pero debía de haber un error en el periódico, dado que la película que queríamos ver no estaba entre las programadas ese día.

La cuestión es que, en fin, ya que estábamos ahi, nos metimos a ver otra, y la que vimos ahora me entero de que era una película erótica, una producción francesa de 1977 titulada Marche pas sur mes lacets, una especie de remake de Porky's. que aquí tradujeron como No me pises los cordones. Atención al cartel.


En fin, que es obvio que en aquellos tiempos de la Transición a la democracia en España había menos control que ahora a la hora de dejar a unos tiernos niños entrar a ver una peli digamos, ejem, subidita de tono.

Sólo recuerdo una escena de la película y es que los chicos protagonistas, franceses ellos, lograban colarse en el barracón de al lado, donde descansaban unas bellas damiselas estadounidenses, a lo que el protagonista gritaba "¡Chicas de culos y tetas!". Tal vez esto no fuera lo que realmente decían en la película, pero sí lo que yo recuerdo. Ya se sabe que la mente de un niño es calenturienta, a la vez que fácilmente impresionable.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Recuerdo: El rey también caga

Recuerdo que de pequeño mi hermano vino un día con una imagen que me perturbó. Me dijo algo así como: "¿Te das cuenta? El rey también mea y caga". Nunca lo había pensado, pero tenía razón. Pensado así, el ser más elevado, incluso un cura o el Papa, hacen sus necesidades.

Y ahora me pregunto, ¿y el que hace de rey mago también caga?

lunes, 21 de diciembre de 2015

Recuerdo: Castigo

Muchos de mis recuerdos infantiles tienen que ve con la escuela y, en concreto, con lo que yo consideraba injustos castigos que recibí. No es que me castigaran mucho, pero es que cuando consideras que un castigo es injusto, no se te olvida.

¿Recordáis la caligrafía? ¿Los cuadernos Rubio? ¿No los odiabais? Yo sí. Recuerdo que ya en uno de los últimos años que los usamos, creo que segundo de Primaria, tuvimos que aprender a hacer las mayúsculas en cursiva (¡qué cosa más inútil, por dios!) y recuerdo como super injusto una ocasión en que un compañero se chivó (creo que fue el mismo que lo hizo por haberle dado una capada) porque yo, en lugar de escribir las palabras u oraciones en orden, hacía primero todas las mayúsculas, que me resultaban más difíciles, y luego el resto. La profesora me castigó por ello y nunca lo entendí muy bien. ¿Qué más daba al fin y al cabo el orden, si de lo que se trataba, pienso yo, es del resultado, que quedaran las oraciones bien escritas?

domingo, 20 de diciembre de 2015

Recuerdo: Mi primer día de cole

Recuerdo perfectamente mi primer día de cole. Mis padres decidieron no llevarme a parvulitos de cuatro años (entonces no había clases de tres años), me mandaron directamente a la clase de cinco años, pero como yo nací en diciembre, aún no había cumplido los años en mi primer día, que, por cierto, recuerdo que me llevó a clase mi hermano mayor, Anxo.

Al llegar le preguntaron a mi hermano "¿Cuántos años tiene?" y él respondió "Cuatro", así que me mandaron a la clase de cuatro años y mi hermano se  fue.

Al cabo de unos minutos, llegó una profesora y me mandó a la clase de cinco años, porque, aunque no los hubiera cumplido, yo soy del 74 y era la clase que me correspondía. La cuestión es que yo consideré que había un gran error burocrático y me puse a llorar como un descosido (en retrospectiva veo que ya entonces hacía una montaña de un grano de arena y me ahogaba en un vaso de agua).

Al cabo de un rato vino una profesora (no sé si fue la misma)  y me preguntó:

- ¿Por qué lloras?

- Porque esta es la clase de cinco años y yo tengo cuatro.

- ¡Ah! No te preocupes, ya los cumplirás.

Y en ese mismo momento dejé de llorar.