lunes, 10 de agosto de 2020

Milagros de santos: La virgen de Chilla y la cabra resucitada

Me encanta viajar por España. Y lo mejor de los viajes es que siempre das con una iglesia o ermita donde en tiempos se ha producido algún milagro.

Hace poco estuve en la sierra de Gredos y por casualidad di con la ermita de la virgen de Chilla, cerca de Candeleda. Resulta que en este lugar, conocido por ser sede de pastores (hasta el día de hoy), se han producido, según la tradición, un montón de prodigios, que los lugareños atribuyen a la mencionada virgen. El primero de esos milagros es el más llamativo. Resulta que hace mucho tiempo se hallaba un pastor llamado Finardo. Según la leyenda, al pastor se le murió una cabra y acto seguido se le apareció la virgen. Bajó al pueblo para tratar de dar la buena noticia a la gente del lugar, pero nadie le hizo caso, todos se rieron de él. Así que volvió a subir al lugar donde se halla hoy la ermita, donde (siempre según la leyenda) la virgen le impuso dos dedos, que se le quedaron marcados en la cabeza y le dijo que le iba a resucitar la cabre, tras lo que bajó a Candeleda de nuevo. Al ver los estigmas parece que la gente del pueblo ya sí le creyó y subieron todos al lugar mencionado, donde encontraron la cabra resucitada.

Ahora pregunto yo, ¿cómo sabían que era la misma cabra?

sábado, 2 de mayo de 2020

"Ana y los lobos" y "Mamá cumple 100 años", díptico de las dos Españas

Estos días de cuarentena me estoy dedicando a leer el libro Crisis y agonía del cine español de José Luis López Sangüesa, que recopila muchos de los textos sobre cine escritos por los hermanos Pérez Merinero y el colectivo Marta Hernández, a la vez que veo algunas de las películas del llamado Nuevo Cine Español mencionadas en el texto.

Dos de las que más me han llamado la atención han sido Ana y los lobos (1973) y su continuación, Mamá cumple 100 años (1979), ambas dirigidas por Carlos Saura y ambas con los mismos actores en los mismos papeles, pues se supone que los personajes se reúnen años después del primer encuentro. Así, pues, se trata de un díptico alegórico de la situación política española, en la línea de La caza (C. Saura, 1966), Furtivos (J.L. Borau, 1975) y Las truchas (J.L. García Sánchez, 1978).

Geraldine Chaplin en "Ana y los lobos" (1973)

En la primera de ellas, Ana y los lobos (con guion de Saura y el gran Rafael Azcona), una institutriz extranjera llega a una casa en el medio del campo. Esta extranjera, Ana (Geraldine Chaplin), ve las relaciones de la familia desde fuera, como el protagonista de Doña Perfecta de Galdós ve la sociedad de Orbajosa. En la casa vive Mamá (Rafaela Aparicio), que representa España, sus hijos José (José María Prada), Fernando (Fernando Fernán-Gómez) y Juan (José Vivó) y tres nietas, hijas de Juan. Los tres hijos representan cada uno de ellos un estamento del régimen franquista: José, el ejército y más concretamente a Francisco Franco, pues tiene un museo en el que reúne viejas glorias militares y no para de probarse uniformes militares; el falso asceta Fernando, la Iglesia, y Juan, el ciudadano de a pie (el famoso tercio familiar), pues es el único que tiene descendencia. Lo primero que le dice José a Ana es que Juan y su mujer no son capaces de cuidar la educación de sus hijas, por lo que él ejerce como protector ("pater familias", dice literalmente), en una clara referencia al "no se os puede dejar solos" franquista. Todos los hermanos quieren algo de Ana: Juan pretende que sea su amante (aparte de regodearse enviándole cartas obscenas); José quiere que le limpie los trajes y le tenga ordenado el museo de pasadas glorias (esa es su perversión). Parece que tan solo Fernando, representante de la Iglesia, la quiere ayudar y redimir pero hacia el final de la película vemos que se trata del mayor depravado de los tres. Tiene una perversión que consiste en querer cortarle el pelo a Ana y así ella descubre que también quiere algo de ella quien en principio parece solo velar por su bien.

También puede ser analizada esta primera parte del díptico de un modo freudiano. Los tres hijos, cada cual con su parafilia, han matado al padre y tienen que luchar entre ellos por los favores de la mujer que viene de fuera.

Rafaela Aparicio en "Mamá cumple 100 años" (1979)

A la segunda parte, Mamá cumple 100 años (ya con guion solo de Saura, sin Querejeta), le falta la fábula freudiana y nos quedamos tan solo con la alegoría política. La película empieza con la llegada de Ana a la casa en la que había estado años antes para celebrar el centenario de Mamá. Descubrimos que Juan, que representa al dictador, había muerto "tres años antes", o sea aproximadamente la fecha de la muerte de Franco. Ahora el resto de la familia carece de la tutela del que ponía orden. La casa está hundida. No tienen dinero y las nietas se llevan muy mal. Eso lleva a los dos hermanos que quedan vivos a ponerse de acuerdo para matar a Mamá, que encarna a España. Solo la observadora extranjera puede salvarla y, de hecho, lo hace.

En resumen, me llama la atención que lo que viene a decir Saura en fecha tan temprana como 1979 es que tras la muerte de Franco, las restantes fuerzas políticas se han aliado para matar a Mamá España. Parece que el cineasta aragonés tuviera esperanzas en las fuerzas políticas de la oposición pero que, una vez muerto Franco, estas le decepcionaran.

Es curioso, porque en el libro que estoy leyendo, el colectivo Marta Hernández pone literalmente a parir al llamado Nuevo Cine Español y muy especialmente a las películas producidas por Elías Querejeta. La tesis de Hernández es que la supuesta crítica al régimen que hacen estas películas en realidad no era tal, pues por un lado, servían para lavar la imagen del régimen franquista de cara al exterior y, por otro, en el interior casi nadie las veía, con lo cual no tenían un efecto movilizador en el público general y, para colmo, desmovilizaba al público cinéfilo y politizado. Curiosamente, estas circunstancias de desmovilización política y de connivencia entre la supuesta izquierda y el franquismo, que no niego, lograron paradójicamente llevar al celuloide algunas de las mejores películas del cine español de todos los tiempos, como es el caso de las dos aquí analizadas.

lunes, 27 de abril de 2020

De Shakespeare al mono Naruto

No sé a cuántos de vosotros, queridos lectores, os suena el libro Free Culture (2004) de Lawrence Lessig. A mí me cambió la forma de pensar. El autor parte de la tesis de que las leyes de propiedad intelectual se crearon en la época de Shakespeare para proteger derechos básicos del escritor (por aquel entonces no existían el cine ni la música grabada) y que este o sus herederos se pudieran lucrar durante un cierto tiempo, pero no mucho, pues también tenían en cuenta la importancia de lo común. Por lo tanto, tras un cierto tiempo, la propiedad intelectual pasaba al dominio público. Además, estos derechos solo afectaban a la obra en sí, no a obras derivadas, como pudiera ser una obra de teatro basada en una novela. Ahí los adaptadores tenían vía libre, no tenían que pagar nada en concepto de derechos de autor ni tenían ningún tipo de restricciones. Esto cambió desde que Disney y otras empresas culturales se dieron cuenta de que sus productos (muchos de los cuales, paradójicamente, habían sido adaptados de cuentos tradicionales) iban a pasar al dominio público y los lobbies de la industria cultural de Estados Unidos (y subsecuentemente de otros países) presionaron para que los plazos de explotación antes de que una obra pase al dominio público se estirasen más y más. Alguna gente puede pensar que esto es bueno porque crea riqueza, pero también es algo que juega en favor de unos pocos y en prejuicio del común. Quizá no todo tenga que tener un valor económico contante y sonante. Tal vez haya bienes intangibles.

Leo estos días sobre dos pleitos relacionados con la propiedad intelectual que tuvieron lugar en distintos momentos y que me han hecho reflexionar a la luz del mencionado libro.

El primero de ellos se trata de la demanda puesta por ABKCO, empresa que gestionaba los derechos de los primeros discos de The Rolling Stones, a Richard Ashcroft the The Verve por su éxito de 1997 "Bitter Sweet Symphony". La peripecia de esta canción en los tribunales es larga y enrevesada. No sé si conocéis el caso pero para aquellos de vosotros que no, trataré de resumirla.

La canción fue escrita, letra y música, por el mencionado líder de The Verve. La cuestión que dio lugar a la demanda es que parte de su éxito se debió a que prácticamente toda la canción reposa sobre un sample de cuatro compases de una versión orquestal del tema de 1965 "The Last Time", compuesta por Jagger y Richards (para complicar nás las cosas, esta canción también bebe sospechosamente del tema de los Staple Singers titulada "This May Be The Last Time"). Esta versión orquestal había sido grabada y publicada en el mismo año por la orquesta de Andrew Loog Oldham, que había sido manager de los Stones. Allen Klein, entonces propietario de ABKCO, denunció a The Verve porque, aunque habían pagado los derechos de rigor, al parecer el sample era más largo de por lo que habían pagado. Como el disco ya estaba en las tiendas, si no querían que todas las copias se retiraran de circulación, tenían que pagar el 100% de los royalties a la compañía de Klein y a partir de ese momento poner en todos los discos como únicos autores Jagger/Richards, lo cual es totalmente absurdo, pues, como he dicho, se trata de una canción completamente nueva. Se dio la paradoja que esta canción ganó un premio como mejor composición británica del año. Pero ¿era un tema nuevo? Según el fallo del tribunal de justicia, no.


No me voy a enrollar más, porque el lío de tribunales siguió (Andrew Loog Oldham también denunció para sacar su parte de tajada). A lo que voy es que en realidad la canción no es un plagio. En todo caso sería un plagio del arreglo de una canción que a su vez también es un plagio. ¿Me estoy liando?

En fin, lo que quería decir es que, volviendo al libro de Lessig, no veo por qué tienen que poner en los créditos de la canción "compuesta por Jagger/Richards" porque en realidad lo que hicieron The Verve fue poner un sample de una canción que es a su vez una obra derivada de otra, en términos de Lessig. La música, como otras artes, es algo vivo en lo que todo el mundo se inspira y bebe de composiciones anteriores, con lo cual, perdónenme señores jueces, pero se trata de uno de los fallos judiciales más absurdos de la historia de la música.

En cualquier caso, todo acabó en 2019 cuando los propios Jagger y Richards, tal vez dándose cuenta de lo injusto del caso, hicieron que futuros royalties vayan a caer a los bolsillos de Ashcroft a pesar de que legalmente podían haber estado cobrando por esta canción el resto de sus vidas. ¡Eso sí que es raro! ¡Que alguien en este mundillo regale dinero!

Y es que esta sociedad en la que vivimos está obsesionada con la autoría y con la propiedad, sobre todo si hay dinero de por medio, pero no siempre fue así. Por ejemplo, en la Edad Media, antes de la llegada del Renacimiento, los maestros canteros no firmaban sus obras. Que yo sepa, no existía el concepto de arquitecto, un artista que concibiera una catedral de pe a pa. Las obras arquitectónicas eran constructos colaborativos.

Y eso me lleva al segundo caso judicial del que os quería hablar.


Es el del mono indonesio que se hizo un selfie. Supongo que todos conocéis este caso. El fotógrafo británico David Slater fue a la selva de Indonesia, preparó la cámara sobre un trípode y dejó que un macaco pulsara el botón. Slater las publicó en un diario en 2011 y posteriormente la fundación Wikipedia las incluyó en Wikimedia. Un abogado, en representación del fotógrafo, les pidió que las retiraran pero se negaron, tras lo que se entabló una serie de juicios que llevaron a que el fotógrafo perdiera los derechos sobre las fotos, pues los juzgados dictaminaron que alguien no humano no puede tener derechos de autor, con lo cual las fotos pasaron al dominio público. Para colmo, la asociación defensora de los derechos de los animales PETA también se metió en el pleito diciendo que actuaba en defensa del mono, al que llamaron Naruto. Los jueces desestimaron esta denuncia pues decían que la asociación no buscaba proteger a Naruto sino a sus propios intereses (para colmo, en el juicio no quedó claro que el "artista" fuera Naruto, pues hubo varios selfies y pudieron ser tomados por distintos monos).

Creo que todos estamos de acuerdo con que alguien no humano no puede tener derechos de autor. Pero lo que no está tan claro es quién es el autor de las fotos. Según el tribunal de justicia encargado del caso, el autor de las fotos es el mono, pero ¿el simple hecho de darle al botón de la cámara significa que eres autor de una foto, de una obra de arte? La mayoría de los artistas profesionales tienen sus asistentes, que son los que realmente le "dan al botón". También en cine el que "le da al botón" no es el propietario de la obra, que sería el productor, ni el "artista", que sería el director, sino el operador de cámara. ¿Esto le otorga la autoría a él? Lo mismo pasa en las artes plásticas. Por ejemplo, Andy Warhol tenía sus asistentes que le hacían el trabajo sucio y se manchaban las manos. ¿Quién era ahí el artista?

Ya para meternos en otro jardín, últimamente se han destapado casos de artistas (casi siempre hombres) que firmaban cuando realmente el trabajo lo hacían otros, en muchos casos mujeres. El último que se destapó fue el del pintor Antonio de Felipe y Fumiko Negishi.




Os dejo con los últimos fotogramas de la película Film Socialisme (2010) de Jean-Luc Godard. El último reza "Cuando la ley no es justa, la justicia es saltarse la ley".

jueves, 23 de abril de 2020

Milagros de santos XIX: la habitación sagrada

Lo que voy a contar hoy en realidad no es un milagro, pero es algo muy curioso que tiene que ver con la religión católica. No sé si sabéis que en Alcalá de Henares está uno de los hospitales más antiguos del mundo todavía en funcionamiento. Yo tampoco lo sabía. Lo descubrí hace poco más de un año cuando fui con mi novia a pasar un fin de semana a esta ciudad. Se trata del antiguo hospital de Antezana, fundado en 1483. Todavía funciona como residencia de ancianos. Y me diréis, ¿qué tiene que ver esto con la religión? Pues es que resulta que aquí vivió San Ignacio de Loyola. "Bueno, tampoco es pa tanto", pensaréis, "habrá vivido en más sitios" y sí, es verdad. La cuestión es que siglos después, la orden que creó, los jesuitas, se pusieron a investigar y descubrieron que había vivido ahí y que su habitación daba al muro de la capilla del hospital. Como para la Compañía, este lugar era sagrado, decidieron que no podían tocarlo, pero querían que formara parte de la iglesia así que lo que hicieron es que ampliaron la iglesia creando una capilla justo debajo de la habitación en la que había dormido el santo y la cúpula la pusieron dentro de la habitación, sobre la que colocaron una linterna. Yo creo que es el único caso en la historia en la que se hace una iglesia dentro de una habitación. Y además ¡sin tocar las paredes! Todo un logro que si no es un milagro, poco le falta.

martes, 21 de abril de 2020

Frase requeterredundante

Movimiento ascendente que sube hacia arriba.

Mini-lección de historia norteamericana

En Estados Unidos se celebra el día de Acción de Gracias para dar las gracias a los indios que les enseñaron a cultivar y a cazar a los primeros colonos que se establecieron en Norteamérica. Con el paso del tiempo los mataron a todos.

Y es que a los estadounidenses no les gusta deber nada a nadie.

Otro no-pensamiento religioso

Vamos a ver si me aclaro. Entonces resulta que, según la Biblia, hay otra vida, pero esta sucederá tras el fin de los tiempos, cuando los justos resucitarán en cuerpo y alma.
...
Sinceramente (y suponiendo que yo estuviera entre ellos), no sé si me vale la pena esperar tanto.

Sutil diferencia

No eres una mujer fatal. Eres una mujer que estás fatal.

¿Acaso el azúcar no es algo?

- ¿Qué desea?
- Un café.
- ¿Solo?
- No, con azúcar.

Nueva prenda

Todos conocemos el fachaleco.


Propongo una nueva moda: el biquinqui.